El peligro de concentrar el poder

Comunicador Político
El peligro de concentrar el poder

La segunda vuelta electoral entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez plantea una discusión que va mucho más allá de las simpatías partidarias o de las propuestas de campaña. Lo que realmente está en juego es la forma en que quedará distribuido el poder político en el Perú durante los próximos cinco años o más.

Los resultados de las elecciones parlamentarias han dejado un dato imposible de ignorar: Fuerza Popular será la principal fuerza política del nuevo Congreso. Con 44 diputados y 22 senadores, el partido liderado por Keiko Fujimori tendrá una influencia determinante en ambas cámaras. No se trata únicamente de una representación numerosa.

Se trata de una capacidad real para conducir a su modo la agenda legislativa, presidir las principales comisiones como Constitución, Presupuesto, Justicia, Economía, entre otras, y, ademas, influenciar en la designación de los miembros del Tribunal Constitucional, el Banco Central de la Reserva, el Defensor del Pueblo y el Contralor General de la República.

Entonces, Fuerza Popular contará con un poder e influencia que ningún observador serio puede minimizar.

Pero existe un aspecto aún más relevante. En la Cámara de Senadores, donde se requieren 40 votos para aprobar una vacancia presidencial, los 22 senadores de Fuerza Popular constituyen un auténtico muro de contención. En términos prácticos, si Keiko Fujimori llegara a la Presidencia de la República, sería políticamente imposible que prosperara una vacancia en su contra. Aun cuando todas las demás fuerzas políticas se unieran, no alcanzarían los votos necesarios.

Esto debido a que, de los 60 senadores, se necesitan 40 votos para aprobar una vacancia, y teniendo Fuerza Popular 22 miembros, los 38 restantes serían insuficientes.

La historia demuestra que las democracias funcionan mejor cuando existen contrapesos efectivos. Los excesos del poder no se previenen mediante la buena voluntad de los gobernantes, sino mediante instituciones capaces de fiscalizarse entre sí. Cuando una sola fuerza política domina simultáneamente los principales espacios de decisión, el riesgo de debilitamiento de esos controles aumenta considerablemente.

No se trata de afirmar que Keiko Fujimori gobernaría mal por el solo hecho de tener poder. Se trata de reconocer que ninguna democracia debería depender exclusivamente de la confianza en una persona o en un partido. Las democracias modernas se sostienen sobre instituciones fuertes y sobre la existencia de límites efectivos al ejercicio del poder.

Gobernar sin controles puede ser cómodo para quien ejerce el poder, pero rara vez resulta beneficioso para los ciudadanos. Gobernar bajo vigilancia institucional obliga al diálogo, al consenso y a la moderación. Y son precisamente esas virtudes las que el Perú necesita después de años de confrontación política.

En esta segunda vuelta los peruanos no solo elegirán a un presidente. También decidirán si prefieren una distribución equilibrada del poder político o una concentración sin precedentes en una sola fuerza partidaria.

La pregunta entonces surge de manera inevitable: ¿es saludable para la democracia y el Perú que una misma fuerza política concentre semejante poder en el Congreso y, al mismo tiempo, controle el Poder Ejecutivo?

Desde mi punto de vista, no.